miércoles, 16 de septiembre de 2015

La reacción que el planeta exige

Por
Jesús E. Sánchez Arango
Universidad Pontificia Bolivariana
Licenciatura en Filosofía y Letras, décimo semestre
jesuseduardo79@hotmail.com



Seres humanos sensibles e indiferentes ante la realidad, han observado durante los últimos días la imagen obtenida por la fotógrafa alemana Kerstin Langenberger, en la que nos presenta una escena vergonzosa de una famélica osa del Ártico.
Es evidente que la vergüenza no radica en la gélida realidad que nos enseña, sino en el mensaje de responsabilidad que lleva consigo, tan elocuente que no necesita palabra alguna para ser comprendido.
Desgarradora, indignante e inaceptable son algunos de los calificativos empleados por los medios para describir esta fotografía, y no es para menos. Sin embargo, entre el impacto emocional que genera esta imagen y la ejecución de acciones contundentes hay una ingente distancia.
Miles de personas, por redes sociales, manifestaron su aparente conmiseración, pero de manera lamentable el público del planeta se acostumbró a emotivos sentimientos efímeros desatados por imágenes y no pocas noticias de animales extintos, bosques devastados, afluentes contaminados y toda clase excesos en contra de la naturaleza
Y de esta manera, nos hacemos cómplices de un trágico juego que representa hipócritamente una inexistente preocupación ética por el ambiente y los verdaderos intereses del hombre en el dominio del mundo. Vemos cómo se llevan a cabo diversas campañas a nivel mundial que no son suficientes; iniciativas sin fuerza que rápidamente se olvidan, acuerdos que se firman para disfrazar a los distinguidos depredadores de los altos gobiernos; árboles esporádicos que se siembran simbólicamente para aparentar el cumplimiento de la responsabilidad ambiental, discursos repetitivos de ilusos compromisos...
No es suficiente. Debemos recuperar el estado consciente para no aplazar más la decisión oportuna.
Es conveniente recordar el valioso aporte del filósofo noruego Arne Naess, que nos invita a una armonía del ser humano con la naturaleza, no por encima o fuera de esta, sino en igualdad biométrica, donde prevalezca la vida de todo ser sin importar su grado de autodeterminación.
¡Indignarnos por una osa polar que muere no es suficiente! Hay que reaccionar, porque el día en que abatidos y famélicos, como la osa del Ártico, roguemos una oportunidad a la tierra, tendremos que tragarnos nuestro dinero
*Taller de Opinión es un proyecto de
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